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¿Por qué no he expuesto mi posición sobre política, economía, ecología y religión?

Por poco menos de año y medio que estuve escribiendo activamente en este blog nunca entré en temas que inevitablemente interactúan con esa forma de vida. La relación es que se trata de una propuesta alternativa que modifica valores muy expandidos en la «civilización» moderna.
El minimalismo se puede vivir de muchas maneras, incluso contradictorias entre sí. Se puede ser ecologista y consumir poco, pero también se puede ir por un camino distinto y consumir poco para viajar mucho, contribuyendo a la polución por CO2. Esto por citar ejemplos.
Hoy —un domingo cualquiera de verano— quería ir a la playa, pero pensé que habría mucha gente, así que me fui al Monjüic que estaba muy tranquilo. Obviamente la gente prefiere la playa en verano.
Al ver el puerto con toda su gigantesca infraestructura y todo lo que representa, pensé una vez más ¿qué puede hacer una sola persona para cambiar el presente? Poco, el cambio está en las masas, no en el individuo.
Pero somos tantos que ¿cómo nos ponemos todos de acuerdo? No estoy ni cerca de tener la respuesta. Los problemas los conozco, los conoce mucha gente, pero al no tener una solución tengo poco que aportar hablando sobre estos temas, de modo que mi posición, al no ser clara, no es relevante. Y algunas cosas quizás prefiero mantenerlas para mí.
Al final muchos terminamos teniendo una moral no muy clara, pues a veces hacemos lo que criticamos o lo que sabemos que está mal. Al sentir que como entes independientes no logramos nada terminamos comportándonos de la forma en que reclamamos.
Por ejemplo, es grave el consumo de plástico que hacemos en los tiempos modernos. Yo no quiero consumir plástico, pero muchas de las cosas que compro vienen irremediablemente envueltas en este material. Podría comprar vegetales ecológicos que no vienen en plástico, por citar una de tantas cosas, pero el precio es exagerado al poner esa «etiqueta». La economía también juega en nuestra contra para poder ser responsables con el ambiente. Serlo, en estos días, cuesta dinero —y a veces mucho.
Si no contribuyes con el exceso de plástico, contribuyes validando el modelo de negocio en muchos casos abusivo que han implantado los que se llenan los bolsillos con las etiquetas «ecológico», «orgánico», «eco-friendly», y demás denominaciones «amistosas» con el planeta . Para la economía personal de algunos no es sostenible, tendrías que privarte de muchas otras cosas para seguir entregando tu dinero voluntariamente. Además, a ver si realmente el producto tienen las propiedades que promocionan. Hemos legado al lamentable punto en que a veces no sabes a quien creerle.
Esto se pueden aplicar a prácticamente cualquier área de nuestra sociedad y nuestra vida actual. Hay muchas dudas y muchos temas en los que estoy atrapado en el medio. Aunque sé dónde estamos y a dónde deberíamos llegar, no sé la fórmula, no sé cómo debo actuar para hacerlo, así que hasta que no lo tenga claro —momento que a veces pienso que no llegará— me guardo mis ideas sobre estos temas.
Por ahora, hay que tratar de disfrutar al máximo este hermoso mundo que tenemos y respetar a las personas que nos rodean, que es lo más obvio (aunque a veces no parece). Ojalá encontremos juntos las respuestas de cómo hacerlo mejor.

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