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Zapatos de tacón: De los carniceros egipcios a objetos sexuales

Me veo fatal con zapatos de tacón alto. Nadie lo admite, pero muchos los hemos probado alguna vez motivados por la curiosidad. Lamentablemente no tengo unos a mano para la foto, pero si me invitáis…
No puedo entender como el look puede imponerse a la comodidad, por eso la curiosidad de probarlos, a ver si es como muchas dicen que ‘te acostumbras y es normal’. Y claro, por eso vemos mujeres con los zapatos en la mano después de la medianoche o cargando un par de deportivos en el bolso o cambiándose el calzado antes de entrar a una reunión y para conducir.
Curioso sobre cómo a alguien se le pudo ocurrir semejante tortura sólo por el ‘beneficio’ del look de la mujer, me puse a investigar el origen de los zapatos de tacón alto.
La sorpresa es que los zapatos de tacón alto fueron una invención de uso práctico para el hombre, no para la mujer. Ahora sí que no pinta tan mal haberlos probado. Se utilizaban en Persia -Irán en tiempos presentes- por los jinetes, pues el tacón les ayudaba a afianzarse en los estribos para mantener una pose firme para disparar con arco y flecha de forma más efectiva.
Hay investigaciones que llevan estas prendas de vestir tan atrás como el antiguo Egipto, cuando se supone los utilizaban los carniceros para mantener los pies limpios de sangre cuando mataba animales.
En la Roma antigua, donde el comercio sexual era lícito, los zapatos altos eran utilizados por quienes trabajaban en este campo, como signo característico para su identificación por clientes potenciales. Así fueron asociados a la prostitución.
Pero la verdad es que estos tacones altos eran zapatos que levantaba todo el pié, se podría decir que eran plataformas, calzados que se levantaban de una forma prácticamente uniforme en la parte delantera y trasera. Sí que podía haber una inclinación, pero se podría considerar que fue el diseño usado por los antiguos guerreros iraníes el que condujo a lo que conocemos en la actualidad.
Luego de que en 1599 el primer diplomático Persa fuera a Europa, este continente empezó a interesarse en las maravillas que esa cultura podía ofrecer, entre ellas los calzados de tacón alto.
Así, los aristócratas Europeos, al ver que estos zapatos eran para guerreros los consideraban masculinos, de alguna forma eran un símbolo de poder. Y al final les gustaba el estilo. Esta novedad fue bajando de clase, así que para diferenciarse de la plebe aumentaron el tamaño del tacón, lo que sería impráctico en las calles para el uso de las masas. Se convirtió en una forma de demostrar supremacía, de demostrar que la clase acomodada podía darse el lujo de utilizar unos zapatos más bien… !incómodos! Incómodos y poco prácticos. Ese es mi punto, son una mierda incómoda.
Ahora, no somos aristócratas, pero nos gusta sentirnos como tal sin un centavo en el banco. Y como es incómodo en las calles para la plebe, pues lo hacemos aún menos práctico, las mujeres van descalzas después de una noche de fiesta -algún punto entre las 3 y las 7 am- o llevan otro juego de calzados más cómodos en un bolso no precisamente discreto en tamaño.
Ya me enganchado con el tema seguí leyendo. Esto se extendió por toda Europa, las clases pudientes empezaron a utilizar estos tacones aún más altos, que son los que abren paso a la versión moderna que conocemos ahora.
En este punto aún esta moda no saltaba a la mujer, hasta que en 1630 empezó a generalizarse en ellas la tendencia de imitar a los varones. Utilizaban hombreras, cabello más corto, fumaban pipa, vestían sombreros y -por supuesto-, empezaron a utilizar zapatos de tacón alto. Lo que no queda claro es si hubo alguna razón específica que desencadenó esta tendencia.
En un principio los tacones de mujer y hombre eran muy similares, pero luego empezaron a divergir en su forma. Eventualmente los hombres dejaron de vestirlos porque su asociación con las mujeres ‘disminuyó’ a esta prenda de su estatus como símbolo de poder.
Con la llegada de la Ilustración se empezó a aplicar la racionalidad y con esto los zapatos de tacón alto empezaron a verse como algo impráctico, sin propósito. Se dejaron de usar del todo.
Tiempo después, con la explosión de la fotografía en el siglo XIX aparecen los pin-ups. El erotismo acogió primero los tacones altos porque le otorgaban un look más sexual a las mujeres. No es un problema llevarlos un rato para posar. Desde ese momento estos calzados se quedaron con las mujeres, llegando al presente: De la fotografía pasaron a la vida cotidiana, con lo que implica las dificultad de hacer cómodo algo realmente incómodo.

Es tan absurdo, que hasta existe cirugía para disminuir el dolor y el daño causado por los zapatos de tacón alto.
Hay argumentos de lado y lado en los beneficios y desventajas de estas prendas de vestir, pero la verdad, para mí está más que claro, no tienen uso alguno y una mujer no tiene por que pasar por este sufrimiento para verse ‘más atractiva’. No entiendo como se puede considerar más atractiva a una mujer que está sufriendo para mantenerse de pie y moverse.
Algunas estadísticas:
Un estudio hecho a 500 mujeres en Estados Unidos arrojó lo siguiente:
  • 72% de las mujeres usan tacones altos, 39% a diario.
  • 59% reportó dolor como consecuencia de vestir calzado incómodo.
  • 82% dijo usarlos por moda o estilo.
Una encuesta hecha a 2000 hombres y mujeres en Reino Unido sobre los zapatos, dio como resultado que más de un tercio de las mujeres admitiera sentir tanto dolor en salidas de fiesta que han bailado sin zapatos o vuelto a casa descalzas. Algo visto con mucha frecuencia en cualquier noche en Barcelona, la fantástica ciudad donde vivo, llena de turistas en busca de diversión.
En esta misma medición solamente 12% de los hombres admitieron que utilizarían calzado incómodo en beneficio del estilo. 20% de las mujeres rehusaron buscar ayuda médica por considerar que el dolor en sus pies no es relevante.
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